El poder de la Seducción

Si buscamos una definición al acto de seducir, la Real Academia Española arroja dos resultados:
1) Persuadir a alguien con argucias o halagos para conseguir algo, frecuentemente malo
2) Atraer físicamente a alguien con el propósito de obtener una relación sexual.

Es decir,  asociamos la seducción con algo negativo,  porque la consideramos una forma menos honesta o aceptable de influencia. Quienes son fácilmente seducidos, sienten en algún grado que fueron manipulados.

Todo el tiempo estamos siendo influenciados e influenciando a otros. La seducción es simplemente una forma más de hacerlo. Es una herramienta poderosa que todos tenemos dentro y, como tal, puede usarse para bien o para mal. Eso depende del corazón de cada uno, de quienes somos. Y también de saber utilzarla en nuestro favor. Debemos conocer el poder de la seducción para dominarlo como herramienta, sin dañarnos y sin dañar al otro. Y sin que la seducción, tanto como el poder, nos domine a nosotros mismos.

Chen Lizra es una bailarina profesional que aprendió sobre el arte de la seducción a través de sus viajes y estudios en Cuba con bailarines de salsa. Ella establece cuatro elementos de la seducción:

  1. Deseo: se trata de saber lo que uno quiere e ir en busca de eso. Es pura dopamina, el activador del cerebro y del cuerpo, aquello que nos impulsa.
  2. Confianza: creer en mi y creer que puedo alcanzar mi deseo. Acá juega un rol fundamental la autoestima. Sin estima personal no podemos ir tras lo que queremos. Debemos sentir que merecemos.
  3. Lenguaje corporal: la seducción también se muestra en el tono de voz,  el tipo de mirada, lo que decís y cómo lo dices, y a veces, incluso incluyendo un pequeño roce. El lenguaje corporal es muy importante para la seducción porque comunica a la otra persona lo que querés.
  4. Incitación: motivar o provocar en una persona ganas de hacer algo. Para eso es necesario conocer al otro. Es importante conectar e interactuar con el otro para poder despertar el deseo.

Para que la seducción realmente funcione tenemos que prestar  atención en todo momento. Es reconoocer un “no” de un “tal vez”. Es no tener miedo al fracaso y es entender también que el no, no implica fracasar. Es seguir la propia intuición, es confiar. Todos podemos seducir y aprender cuándo y cómo hacerlo. Es una habilidad para establecer la conexión que te lleva a lo que querés. Con respeto, estima, valor.

Empezando por amigarnos con la idea de que seducir no está para nada mal.

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